Cuento de una mañana de primavera

Era una oscura tarde de invierno. Tan solo eran las siete de la tarde, pero todo rastro de luz solar se había desvanecido ya completamente. El pequeño Timmy regresaba a casa tras una agotadora jornada de trabajo infantil. Sin una luz bajo la que cobijarse por el camino. Oscuridad. Soledad. Carreteras con más baches que su puta madre que el ayuntamiento suda de arreglar.

Todavía faltaba mucho para llegar a casa, pero el trayecto valdría la pena si al llegar su madre le esperaba con un buen plato caliente servido en la mesa. Valdría más la pena si ese plato era un Gateau Chambord acompañado de unos Alcauciles Avignon y un buen vino Clos du Griffier de 1788. Pero aquí el escritor soy yo y yo solo sé escribir tragedias: La madre de Timmy era una jodida borracha que se pasaba el día insultando a la gente, gastándose el dinero que su hijo ganaba en alcohol y maltratando a Timmy sin motivo alguno.

Pero volvamos con Timmy. El pobre Timmy seguía caminando con destino a casa. Hacía frío. Lógico, no va a hacer calor, ¿no? Que para algo es invierno. Estaba oscuro. El trayecto era largo. Y su madre era una borrachuza. ¿De verdad quería Timmy volver a casa? Es lo que él mismo se preguntaba cada noche al salir del trabajo. Y es que, además, Timmy solo tenía 10 años. Y trabajaba duramente en las minas de carbón. Su cuerpo era débil. Frágil. Pero no podía ir a clase como los demás niños porque su madre era una borrachuza. Ah, sí, y su padre estaba muerto. El padre que tanto amaba a Timmy murió a causa de un accidente. Se resbaló al salir de la ducha, golpeándose la entrepierna con el canto de la bañera. Por algún motivo, decidió airearse las partes a ver si así se le pasaba antes el dolor, así que sacó sus testículos a la ventana. Por desgracia, aquel día el viento soplaba con fuerza y cerró la ventana de sopetón. El padre de Timmy se quedó sin pelotas. Y por eso se suicidó pegándose un tiro delante del espejo.

Timmy estaba cansado. Hoy había sido un día especialmente duro en la mina. Deseaba quedarse allí. Descansar. Dormir. Esperar a mañana. Quizá morir.

Cuando de pronto apareció él.


Y nunca más se supo nada del pequeño Timmy.

Anuncios

~ por Lokosinremedio en abril 10, 2011.

3 comentarios to “Cuento de una mañana de primavera”

  1. He llorado con esta historia

  2. P.D todos los putos vinos con clase acaban en 88 joder

  3. Casualidad. Buscando en Google me encontré con que el coñac más caro era de esa fecha.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: