¡Feliz cumpleaños, blog!

•agosto 20, 2011 • 1 comentario

¡Con 6 días de retraso! ¡Pero es igual, porque parece ser que el único que entra al blog es Neo, que me ha pedido muy muy MUY amablemente que actualizase porque yo no me acordaba, ya que tengo un Twitter que es más espléndido que pa qué!

Pero bueno, eso, dos años ya desde que estrené este blog con el poema de Hortal (Agonía) tras cerrar para siempre mi sucio Fotolog. Ahí se pudra ese montón de mierda. Aunque tenía una foto de la muerte fregando que era un primor. Mierda, ahora lo echo de menos. Bueno, no, sólo la imagen. Y TODO POR CULPA DE NEO.

Y qué decir ya. Estoy oyendo a los críos ganándose una hostia jugando como subnormales a un volumen aceptable y gritando como monos gritando como monos. Y encima va mi padre y les regala chicles. Luego a quejarnos de que los críos son un porculo. Si quieren chicles que se los compren, joder, qué coño es eso de pedir chicles gratis en una puta tienda. Y van a ser las dos y yo sin comer aún. Y encima me tendré que quedar a hacer putas horas extra, la puta risa. Qué ganas tengo de empezar el curso para rascarme los huevos a dos manos. Qué ganas, por dios.

Y luego en noviembre avalancha de juegos. Así no hay dios que ahorre. Y todo es culpa de Neo, claro. Que alguien me saque de aquí.

Cuento de una mañana de primavera

•abril 10, 2011 • 3 comentarios

Era una oscura tarde de invierno. Tan solo eran las siete de la tarde, pero todo rastro de luz solar se había desvanecido ya completamente. El pequeño Timmy regresaba a casa tras una agotadora jornada de trabajo infantil. Sin una luz bajo la que cobijarse por el camino. Oscuridad. Soledad. Carreteras con más baches que su puta madre que el ayuntamiento suda de arreglar.

Todavía faltaba mucho para llegar a casa, pero el trayecto valdría la pena si al llegar su madre le esperaba con un buen plato caliente servido en la mesa. Valdría más la pena si ese plato era un Gateau Chambord acompañado de unos Alcauciles Avignon y un buen vino Clos du Griffier de 1788. Pero aquí el escritor soy yo y yo solo sé escribir tragedias: La madre de Timmy era una jodida borracha que se pasaba el día insultando a la gente, gastándose el dinero que su hijo ganaba en alcohol y maltratando a Timmy sin motivo alguno.

Pero volvamos con Timmy. El pobre Timmy seguía caminando con destino a casa. Hacía frío. Lógico, no va a hacer calor, ¿no? Que para algo es invierno. Estaba oscuro. El trayecto era largo. Y su madre era una borrachuza. ¿De verdad quería Timmy volver a casa? Es lo que él mismo se preguntaba cada noche al salir del trabajo. Y es que, además, Timmy solo tenía 10 años. Y trabajaba duramente en las minas de carbón. Su cuerpo era débil. Frágil. Pero no podía ir a clase como los demás niños porque su madre era una borrachuza. Ah, sí, y su padre estaba muerto. El padre que tanto amaba a Timmy murió a causa de un accidente. Se resbaló al salir de la ducha, golpeándose la entrepierna con el canto de la bañera. Por algún motivo, decidió airearse las partes a ver si así se le pasaba antes el dolor, así que sacó sus testículos a la ventana. Por desgracia, aquel día el viento soplaba con fuerza y cerró la ventana de sopetón. El padre de Timmy se quedó sin pelotas. Y por eso se suicidó pegándose un tiro delante del espejo.

Timmy estaba cansado. Hoy había sido un día especialmente duro en la mina. Deseaba quedarse allí. Descansar. Dormir. Esperar a mañana. Quizá morir.

Cuando de pronto apareció él.


Y nunca más se supo nada del pequeño Timmy.

Si a un oso le das de comer 7 palomitas de maíz, éste evoluciona en Snorlax

•febrero 18, 2011 • 1 comentario

La de cosas que se aprenden en la televisión china.

Esto era una mariquita, un conejo y una cosa verde...

U ain't got nuttin' on me, Japan

También he bebido muchas cosas raras: Un refresco de uva que huele y deja un regusto como el del puto flúor de fresa del colegio; dos bebidas de yogur que por fuera parecen diferentes pero que por dentro son el puto mismo yogur de coco; un refresco que sabía como a Trina de manzana pero con gas; un  té de algo que posiblemente fuera jazmín (posiblemente, el mejor ambientador que me he bebido jamás) y un Mountain Dew, que viene a ser como una Fanta de lima con un kilo extra de azúcar.

Adiós, encantos.

Mañana me voy bien lejos

•febrero 12, 2011 • Dejar un comentario

A las 12:00 A.M. de mañana domingo emprendo un viaje que me va a matar un poco por dentro y un mucho por fuera. 6 horas de aquí a Madrid y tropocientas de Madrid a Shanghai. Y luego otras tantas de Shanghai a Nanchang. Pa cagarse uno.

¡Pero tranquilos! Ya sé que pasar dos semanas sin mí os producirá semejante tristeza y desesperación que arderéis en deseos de cortaros las venas y morir chorreando sangre. Por supuesto, cuando digo “tristeza y desesperación” quiero decir “alegría y jolgorio”; en vez de “cortaros las venas”, “abrir una botella de champán” y en lugar de “morir chorreando sangre”, “coger semejante borrachera que os tengan que llevar al hospital porque, joder, una puta botella entera de champán es mucho para una sola persona y coño, eso no puede ser sano”. No obstante, podéis consolaros sabiendo que voy a unos hoteles de cagarse la perra de buenos. Buscadlos, buscadlos en Google. “Galactic Peace International” y “Lansheng Shanghai”. ¿Ya? ¿Aún no? Joder, pues no sé a qué esperáis. A lo que lo hayáis buscado ya habré vuelto con fotos y todo (quizás en alguna hasta salga yo, incluso).

Du not güorri, que volveré acompañado de un nuevo miembro en la familia. Y probablemente mientras esté de viaje llegue uno más. Aprovecho y os pregunto, ¿queréis que os traiga algo de China? ¿Sí? ¿No? ¿Algo caro de huevos? Jodesen.

Dos semanas alejado no de Ejea, no de Aragón, no ya de España, alejado ya de toda jodida Europa. Yo que nunca he salido del país y me estreno yendo al quinto carajo. Siempre a lo grande. Como las dos veces que jugué a fútbol que a Pedro tanto le gusta recordar.

No tengo mucho más que contar, si queréis poder dejar el blog ya.

Me han dicho que está de moda hacer entradas con una canción así en rollo emotivo

•diciembre 31, 2010 • 2 comentarios

Por desgracia para vosotros, no me apetece buscar la letra y copiarla y mucho menos traducirla. Por fortuna, en el vídeo tenéis la letra.

Y ahora un texto bonito que le haga justicia.

Era un jueves por la tarde. Por fin nos decidimos a dejar aquel horrible lugar para vivir en un lugar mejor. Encontrar un nuevo hogar no fue difícil, lo difícil fue pagarlo. Rediós, qué caro está todo. Puta crisis. Pero al fin pudimos relajarnos. Con caseta del perro y todo, viviendo a todo lujo. Y más de un cuarto de baño, para poder entrar yo en el otro cuando tú te estés maquillando. Y un taller. Y… y… y todo, cojones, una puta mansión.

Pero… la oscuridad… siempre está acechándome. Bajo a mi taller en el sótano. No sé qué hacer.

Silencio. Demasiado silencio. Demasiado oscuro. La bombilla está fundida, joder. Habrá que comprar una nueva. Más gastos, joder, qué bien, qué putamente bien. Y silencio otra vez. Demasiado silencio. ¡No puedo soportar este silencio! ¡La aspiradora! Enciendo la aspiradora. Hace un ruido de mil demonios. Es probable que ahora no oiga nada de lo que haces. Podrías estar llamándome y yo no te oiría. Podrías estar llorando y yo no te oiría. Podrías estar viendo la película de Hannah Montana y yo no oiría las putas canciones del zigzag, baterflai flai agüei y la de los chú güorls de la polla.

Es entonces cuando vuelven a mí los recuerdos de nuestros primeros días en esta casa. Fue cuando estaba cortando el césped cuando me dí cuenta. Nunca tuvimos amigos de verdad. Solo nos teníamos el uno al otro. Una vez más, me sentía aislado, solo, triste. Esa misma noche, cuando olvidaste esconder las llaves, cogí el coche y me fui de casa. No tenía un destino fijo. Pensé en dar vueltas alrededor de la ciudad sin parar, pero acabé entrando en un bar. Al principio el alcohol entraba con dificultad, pero a los pocos minutos ya me había bebido seis o siete tequilas. Aunque obviamente no estaba como para conducir, volví a coger el coche. No recuerdo nada de lo que ocurrió después hasta el momento en el que estaba vomitando en mitad del jardín de uno de nuestros vecinos.

Pero ahora estaba aquí, en el taller del sótano, con la aspiradora encendida. Y joder si hace ruido. Ahora mismo podrías estar gritando y yo no te oiría. Podrías estar suplicando ayuda y yo no te oiría. Podrías estar tirándote al caricabrón del vecino y yo no te oiría.

¡Un momento! Creo que comienzo a recordar qué hice mientras conducía. Fui… ¿fui a un Starbucks? Sí… ¿pero a cuál? Hay dos en esta ciudad: uno tan malo como dejarse dar por culo por Satanás con un condón de clavos y otro decente. Quizás no fueron los tequilas lo que me hicieson vomitar esa noche…

Ya es casi la hora de irme a dormir, pero sigo muy despierto. Claro, te empeñaste en comprar la Nespresso de los cojones y ahora tenemos café hasta para merendar. No puedo evitar pensar en todos los problemas que nos han traído hasta aquí. El ruido de la aspiradora me ayuda a desengañarme: huir no era la solución. Nunca lo fue.

Me imagino volviendo. Es de noche. Las luces de los otros coches flotan en el aire, con un brillo rojo intenso. Y vuelvo a nuestro hogar. Vuelvo a arreglarlo todo.

Pero no estoy en el coche. Estoy en el taller del sótano. Con la aspiradora encendida. Ahora mismo podrías haber muerto y yo no te oiría…

No es el fin del mundo, hostias.

He visto la película de Hannah Montana

•noviembre 19, 2010 • 2 comentarios

Pero qué cosa más mala, coño. Es la peor puta cosa que he visto en mucho jodido tiempo. Maldita la hora en la que decidí estudiar inglés, porque se ponían a cantar y les entendía, joder. Lo puto peor. Coño. Hostia. Mierda. Joder. Cojones.

Además de que es una de esas películas que ya sabes no solo cómo va a acabar, sino también todo lo que va a pasar entre el final y los 5 minutos que llevas vistos.

Pero al final logré que SS viese Hot Fuzz, que eso es lo que importa. Next Step: Violar a Neo con una farola oxidada.

El por qué sin nosotras las fregonas el mundo estaría jodido

•octubre 23, 2010 • 1 comentario

Lo primero de todo, no entiendo por qué cojones el Google Chrome considera “fregona” como una palabra inexistente. Claro que también parece que le ocurre lo mismo con “cojones”, “Google” y “Chrome”. Será cosa de mi ordenador. Pero bueno, a lo que íbamos.

Imaginad por un momento un mundo sin fregonas. Ahora es cuando os reís y decís algo como “qué mundo tan maravilloso JOJOJO” PUES NO.

En este mundo machista en el que vivimos son las mujeres las que más uso hacen de nosotras, las fregonas (hago saber que poco me importa que dejéis vuestra opinión aquí sobre lo machista/feminista/hechomierda que está el mundo). Si no hubiese fregonas, tendrían que volver a deslomarse (esta palabra sí que la acepta sin problemas, hay que joderse) para limpiar el suelo con un jodido trapo húmedo y demases. ¿Qué es lo que ocurre cuando a estas mujeres les duele algo/están cansadas y llega su marido/pareja/follamigo/cualquierotracosaqueseteocurra y les propone una salvaje noche de sexo? Muy sencillo, la mujer dice NO. Un caballero puede entender y aceptar su postura, pero un uso continuado del trapo puede derivar en una eternidad sin sexo. Malo, malo.

A partir de aquí las cosas se ponen jodidas de verdad. Cuando el macho permanece sin sexo durante un tiempo prolongado, debe tomar medidas para no morir por explosión testicular. Si dicho macho decide recurrir al placer de Onán, no se nos presenta un gran problema. Pero si el macho se decanta por mantener relaciones sexuales con otra mujer, se nos jodió la cosa (otra opción sería hipnotizarse a sí mismo para hacerse homosexual, pero la eficacia de esta técnica no está del todo demostrada). Cuando su cónyuge/pareja se entera (y suele enterarse) surge una conversación que tiene a finalizar en una ruptura.

Si este problema está extendido (y lo está, ya que no existen fregonas para NADIE) la natalidad se iría reduciendo poco a poco, ya que no hay parejas estables. Con una natalidad reducida, tendríamos demasiados ancianos para poder pagarles a todos una pensión decente y viviríamos una crisis (más allá de la crisis económica que ya azota nuestro mundo con fregonas) que llevaría a la inseguridad general y que conllevaría una todavía menor natalidad.

Al final, la humanidad se extinguiría. Y TODO POR LA FALTA DE FREGONAS.

NO INTENTÉIS CONTRADECIRLO, TODOS SABEMOS QUE ESTO ES CIERTO Y DE NINGÚN MODO EN CLAVE DE HUMOR.

Aunque me ha quedado un pelín zafio, ¿no? Oh well, tampoco es que me paguéis, ni nada de eso.